Origen y Errores del Protestantismo
El protestantismo puede analizarse históricamente sin descalificar a quienes hoy pertenecen a iglesias protestantes. Desde una perspectiva centrada en el Tanaj, la Torá y los Profetas, conviene distinguir entre su origen histórico y las doctrinas que pueden ser cuestionadas a la luz de las Escrituras.
Origen del Protestantismo
El protestantismo surgió en Europa durante el siglo XVI dentro del contexto de la Reforma. Tradicionalmente se toma como punto emblemático el año 1517, cuando Martín Lutero cuestionó prácticas y enseñanzas de la Iglesia de Roma.
Posteriormente aparecieron distintas corrientes relacionadas con figuras como Juan Calvino y otros reformadores europeos.
Los reformadores cuestionaron, entre otras cosas, la autoridad papal, las indulgencias y diversas tradiciones eclesiásticas. Uno de sus principios más conocidos fue Sola Scriptura: las Escrituras debían ocupar el lugar decisivo en materia de doctrina.
Sin embargo, desde una perspectiva hebrea surge una pregunta más profunda: ¿la Reforma regresó realmente a las raíces de la fe de Abraham, Moisés y los Profetas, o simplemente reformó una religión que ya se había separado parcialmente de ellas?
El problema fundamental: regresar de Roma, pero no necesariamente a Sinaí
La Reforma corrigió determinados abusos del cristianismo medieval, pero generalmente conservó estructuras teológicas desarrolladas durante siglos de cristianismo gentil.
El Tanaj presenta la revelación comenzando con el Dios de Israel, su pacto, su Torá y sus profetas.
Isaías 8:20
“¡A la Torá y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.”
Deuteronomio 4:2
“No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella.”
Por ello, cualquier doctrina —católica, protestante, judía o de cualquier otro origen— debería examinarse a la luz de lo que Dios ya había revelado por medio de la Torá y los Profetas.
Errores del Protestantismo examinados desde el Tanaj
1. Considerar la Torá prácticamente abolida
Muchas corrientes protestantes enseñan que la Ley de Moisés dejó de tener vigencia para quienes creen en el Mesías. Sin embargo, el Tanaj describe la Torá como instrucción divina y presenta la era mesiánica como un tiempo en que las naciones aprenderán los caminos de Dios.
Isaías 2:3
“Porque de Sion saldrá la Torá, y de Jerusalén la palabra de YHWH.”
Esta profecía es especialmente importante porque no presenta el futuro reino mesiánico como una época sin Torá. Al contrario, muestra a las naciones buscando la instrucción del Dios de Israel.
Jeremías también relaciona el nuevo pacto con la Torá escrita en el corazón, no con la eliminación de la Torá.
Jeremías 31:31-33
El profeta anuncia un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, y declara que Dios pondrá su Torá dentro de ellos y la escribirá en sus corazones.
Por lo tanto, el nuevo pacto profetizado por Jeremías no consiste en borrar la Torá, sino en llevarla al interior del ser humano.
2. Separar al Mesías de Israel
El Mesías bíblico no aparece aislado de la historia de Israel. Es presentado dentro de las promesas hechas a David y estrechamente relacionado con la restauración, salvación y gobierno de Israel.
Isaías 11 presenta al descendiente de Isaí gobernando con justicia. Jeremías 23 habla del Renuevo justo de David. Ezequiel 37 relaciona el gobierno mesiánico con la restauración de las tribus de Israel.
Por eso, interpretar al Mesías eliminando a Israel del centro de las profecías produce una lectura difícil de reconciliar con los Profetas.
3. Sustituir a Israel por la Iglesia
Algunas tradiciones cristianas desarrollaron diferentes formas de lo que posteriormente se denominó teología de sustitución: la idea de que la Iglesia reemplazó a Israel como pueblo de Dios.
Sin embargo, después de anunciar el nuevo pacto, Jeremías reafirma de manera extraordinaria la permanencia de Israel.
Jeremías 31:35-36
Dios utiliza el orden del sol, la luna y las estrellas como testimonio de que la descendencia de Israel no dejará de ser nación delante de Él.
Esto resulta significativo: inmediatamente después de la profecía del nuevo pacto, el mismo capítulo confirma la continuidad de Israel.
4. Interpretar las Escrituras mediante doctrinas posteriores
Otro problema aparece cuando formulaciones teológicas desarrolladas muchos siglos después de Moisés y los Profetas se convierten en el filtro mediante el cual se interpreta toda la Biblia.
El método debería funcionar en sentido contrario: las doctrinas posteriores deben ser examinadas mediante las Escrituras anteriores.
La Torá y los Profetas establecieron primero el lenguaje, las promesas, los pactos y las categorías utilizadas posteriormente para comprender al Mesías.
Esto resulta especialmente importante al estudiar quién es Dios, quién es su Hijo, qué significa Mesías y cuál es la relación entre el Padre y su enviado.
5. La fragmentación denominacional
El protestantismo tampoco constituye una sola doctrina uniforme. A lo largo de los siglos surgieron luteranos, reformados, bautistas, metodistas, pentecostales, adventistas y muchas otras denominaciones y movimientos.
Estas comunidades pueden diferir considerablemente sobre cuestiones como el bautismo, la predestinación, los dones espirituales, el sábado, la escatología, la salvación y la interpretación de numerosas partes de las Escrituras.
Por esta razón sería incorrecto afirmar que todos los protestantes creen exactamente lo mismo. Sin embargo, la enorme fragmentación demuestra la importancia de regresar continuamente al fundamento bíblico para examinar cada enseñanza.
¿Hasta dónde llegó realmente la Reforma?
La Reforma Protestante realizó cambios importantes frente al sistema religioso medieval, pero desde una perspectiva basada en las raíces hebreas de las Escrituras surge otra pregunta:
¿Regresaron los reformadores completamente a la fe bíblica, o solamente retrocedieron algunos siglos dentro de la historia del cristianismo?
Para buscar las raíces verdaderas es necesario ir mucho más atrás que Lutero, Calvino, Roma o los concilios eclesiásticos.
Hay que regresar a Abraham, Moisés, David y los Profetas.
La verdadera restauración debe regresar a las Escrituras
La cuestión fundamental no consiste simplemente en escoger entre catolicismo y protestantismo.
La pregunta anterior a ambas tradiciones es: ¿qué enseñaron la Torá y los Profetas antes de que existieran estas instituciones religiosas?
Abraham no fue protestante. Moisés no fue protestante. David no fue protestante. Isaías tampoco fue protestante.
Sus categorías fundamentales fueron el Dios de Israel, el pacto, la Torá, Israel, el arrepentimiento, la justicia, la santidad y la esperanza del Mesías prometido.
Por eso, una verdadera restauración bíblica no consiste solamente en regresar de Roma a la Reforma.
Es necesario continuar mucho más atrás: regresar a las Escrituras, a los pactos, a la Torá y a los Profetas, donde fueron establecidas las raíces de la revelación bíblica.
Una pregunta fundamental
¿Enseñaron realmente los Profetas que la llegada del Mesías aboliría la Torá, o profetizaron exactamente lo contrario?
Isaías presenta a las naciones acudiendo a Sion para aprender la Torá. Jeremías presenta el nuevo pacto escribiendo la Torá en el corazón. Ezequiel anuncia restauración, obediencia y un pueblo nuevamente reunido bajo el gobierno establecido por Dios.
Estas profecías deberían constituir el punto de partida para comprender posteriormente la misión del Mesías.
La dificultad de regresar hoy a las raíces bíblicas
Hablar de regresar a la Torá, a los Profetas y a las raíces hebreas de la fe puede parecer sencillo. Sin embargo, llevarlo a la práctica es mucho más difícil. Durante siglos se han desarrollado costumbres, tradiciones y formas de interpretar las Escrituras que hoy forman parte de la identidad de muchas iglesias.
Para muchas personas, cuestionar una enseñanza recibida desde la infancia no significa solamente cambiar de opinión sobre un texto bíblico. Puede significar cuestionar aquello que enseñaron sus padres, sus pastores, su denominación o la comunidad religiosa donde han vivido durante muchos años.
1. Cuando la costumbre llega a sentirse como Escritura
Uno de los mayores obstáculos consiste en distinguir entre lo que realmente está escrito y lo que hemos aprendido por tradición.
Una práctica puede repetirse durante generaciones y llegar a sentirse completamente bíblica. Pero su antigüedad o popularidad no demuestra por sí sola que haya sido ordenada por Dios.
Por eso debemos regresar constantemente a la pregunta: ¿dónde está escrito?
Jeremías 6:16
“Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él.”
El llamado profético no consiste simplemente en conservar aquello que hemos recibido, sino en buscar el buen camino y comprobar si realmente corresponde con la voluntad de Dios.
2. El temor de cuestionar lo que siempre hemos creído
Regresar a las Escrituras puede producir incomodidad porque obliga a examinar convicciones profundamente arraigadas.
Muchas personas pueden descubrir que ciertas ideas que consideraban directamente bíblicas proceden, en realidad, de interpretaciones, denominaciones o tradiciones desarrolladas posteriormente.
Reconocerlo requiere humildad. La búsqueda de la verdad no debería comenzar preguntando qué enseña mi denominación, sino qué dicen realmente las Escrituras.
3. La presión de la comunidad religiosa
Las iglesias también son comunidades humanas. Allí existen amistades, familias, autoridades, ministerios y años de experiencias compartidas.
Por eso, cuando una persona comienza a cuestionar determinadas doctrinas, puede sentir temor de ser juzgada, rechazada o considerada rebelde.
Esta dificultad debe tratarse con prudencia y respeto. Buscar las raíces bíblicas no significa despreciar a quienes todavía entienden determinados textos de otra manera.
4. Confundir unidad con uniformidad doctrinal
En ocasiones existe la impresión de que hacer preguntas produce división. Sin embargo, una comunidad que ama la verdad debería permitir que sus enseñanzas sean examinadas mediante las Escrituras.
La verdadera unidad no debería exigir que una persona deje de investigar. Tampoco debería depender de aceptar una doctrina únicamente porque siempre se ha enseñado de esa manera.
5. La comodidad de una fe ya organizada
Las denominaciones ofrecen sistemas completos: doctrinas establecidas, calendarios, formas de culto, autoridades, literatura y respuestas preparadas para muchas preguntas.
Regresar directamente a la Torá y a los Profetas puede resultar más difícil, porque obliga al estudiante a reconsiderar conceptos que anteriormente daba por sentados.
Es mucho más cómodo recibir una interpretación terminada que estudiar el contexto histórico, las palabras de los profetas, los pactos y el desarrollo de cada enseñanza.
6. Costumbres modernas que pueden desplazar el estudio
En algunas comunidades contemporáneas, la experiencia religiosa puede concentrarse principalmente en programas, música, eventos, predicaciones motivacionales o experiencias emocionales.
Ninguna de estas cosas debe juzgarse automáticamente como mala. El problema aparece cuando ocupan el lugar que debería pertenecer al conocimiento de las Escrituras, a la obediencia, al arrepentimiento, a la justicia y a la búsqueda sincera de Dios.
Oseas 4:6
“Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento.”
La emoción puede acompañar a la fe, pero nunca debería sustituir el conocimiento de la Palabra.
7. Regresar no significa crear otra religión
Existe además otro peligro: descubrir errores de las denominaciones y responder creando una nueva denominación con nuevas tradiciones humanas.
Regresar a las raíces bíblicas no debería significar cambiar una etiqueta religiosa por otra.
Tampoco significa adoptar automáticamente toda práctica moderna que se presente como “hebrea”. Toda enseñanza, antigua o moderna, debe ser examinada por las Escrituras.
8. No se trata de atacar a las personas
Cuestionar una doctrina no significa condenar a todas las personas que la creen. Dentro de las iglesias existen hombres y mujeres sinceros que aman a Dios y buscan servirle conforme al conocimiento que han recibido.
Por eso este estudio no debe utilizarse como instrumento de desprecio contra católicos, protestantes, evangélicos, judíos o cualquier otra comunidad.
El propósito debe ser examinar las enseñanzas y regresar a las Escrituras, comenzando también por examinar nuestras propias creencias.
9. El regreso comienza personalmente
Es fácil señalar los errores de Roma, del protestantismo, de una denominación o de un pastor. Mucho más difícil es permitir que las Escrituras corrijan nuestras propias ideas.
El verdadero regreso comienza cuando cada persona está dispuesta a decir: si aquello que creo contradice lo que Dios reveló, debo corregir mi creencia y no intentar corregir las Escrituras.
Salmo 119:105
“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.”
Regresar requiere valor y humildad
Después de siglos de tradiciones religiosas, regresar a las raíces no ocurre de un día para otro. Requiere estudio, paciencia, humildad y disposición para reconocer que algunas cosas que hemos recibido pueden necesitar ser examinadas nuevamente.
Pero tampoco debemos cometer el error contrario: rechazar algo solamente porque lo enseña una iglesia. Una doctrina no es falsa simplemente porque sea católica o protestante, de la misma manera que una enseñanza no se vuelve verdadera simplemente porque alguien la llame hebrea.
La pregunta debe permanecer siempre: ¿qué dicen realmente la Torá, los Profetas y las Escrituras?
El verdadero regreso no consiste en cambiar una religión por otra. Consiste en regresar a la fuente, estudiar con sinceridad y permitir que la Palabra de Dios tenga mayor autoridad que nuestras costumbres.
Conclusión
El protestantismo nació como una protesta contra determinados abusos y doctrinas de la Iglesia de Roma. Su llamado a regresar a las Escrituras constituyó uno de los acontecimientos religiosos más importantes de la historia europea.
Sin embargo, regresar verdaderamente a las Escrituras significa también reconocer que la revelación no comenzó en el siglo XVI, ni comenzó con Roma, ni comenzó con el cristianismo institucional.
Comenzó mucho antes, dentro de la historia de Israel.
Por ello, toda doctrina debe volver a ser examinada desde el fundamento: la Torá, los Profetas, los pactos de Dios y las promesas acerca del Mesías.
El objetivo no debe ser defender una denominación, sino buscar la verdad revelada por Dios desde el principio.